Sobre los espacios: pintar, escribir, pensar. José Luis Pardo (Ediciones del Serbal)


«Porque las cosas hablan al cuerpo en la medida en que no somos sus dueños. No necesitamos hacer ningún esfuerzo para prestar cuerpo a las cosas porque, antes bien, son las cosas las que nos han prestado el cuerpo, las que brillan en nuestro cuerpo y constituyen su piel sensible. Pues el cuerpo es ya en sí mismo nuestra exterioridad, al escenario que se disputan las fuerzas deseosas de un lugar en el que habitar, de una superficie en la que quedar descritas.

Sólo llegamos a ver cuando la experiencia (una experiencia anónima y no experimentable) inscribe en nuestra piel una marca que constituye nuestro ojo. [...] Los ojos del artista son la invención del cuadro para llegar a ser visto, para devenir sentido.

En este instante, es lo que es en toda la eternidad: fuera de él sólo le adviene el devenir y el perecer. El arte, en cuanto representa la esencia en aquel instante, lo rescata del tiempo, hace que aparezca en su puro ser, en la eternidad de su vivir.

Las cosas se salvan cuando se realizan, es decir, cuando se hace sensible aquello gracias a lo cual las cosas son (sentidas).

No se trata de la luminosidad cegadora del ser que haría la luz sobre un mundo sensible oscuro y tenebroso; bien al contrario, se trata del mundo sensible propiamente dicho. Lo que tenemos que imaginar es un mundo de huellas, de marcas, de impresiones, de imágenes; este mundo está lejos de ser inteligible, transparente a una inteligencia que intuiría sus esencias; pues las esencias no pueden verse con claridad y distinción, están, justamente, im-plicadas, plegadas, envueltas en las afecciones. La imagen que arroja este orden es, por tanto, la de un ámbito lleno de envolvencias y recovecos, de oquedades y deformaciones, de adherencias, tejido grumoso de una realidad que se oculta envolviéndose infinitamente sobre sí misma, cubriéndose de sombras por todas partes.

Todo comienza cuando una esencia se inscribe, se implica, se pliega, se envuelve en una sensación, se disfraza con el velo de una imagen. Las esencias se muestran ocultándose.

Lo sentido es el sentido eterno de lo sensible. La sensación, pues, como la imaginación, es una virtud: el tiempo es la envoltura de la eternidad, como lo finito es la envoltura de lo infinito; toda la eternidad está arrollada en un instante, en un Espacio.»