El cuerpo en que nací, Guadalupe Nettel (Anagrama)

El libro me comprendía como nadie en el mundo y, por si fuera poco, también se permitía hablar de cosas que difícilmente una logra confesarse a sí misma, como las ganas irreprimibles de asesinar a alguien de su familia.

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Muchas de las personas y lugares que conformaban mis paisajes recurrentes han desaparecido con una naturalidad pasmosa y los que siguen ahí, de tanto acentuar sus neurosis y sus gestos faciales, se han convertido en la caricatura de quienes fueron alguna vez. El cuerpo en que nacimos no es el mismo en el que dejamos el mundo. No me refiero sólo a la infinidad de veces que mutan nuestras células, sino a sus rasgos más distintivos, esos tatuajes y cicatrices que con nuestra personalidad y nuestras convicciones le vamos añadiendo, a tientas, como mejor podemos, sin orientación ni tutorías.