La intimidad del deshauciado, Ophir Alviárez

Rosas de tallos largos en manos sucias y la sonrisa de un hombre al otro lado de la mesa. Necesidad de palabras. Necesidad de ser necesitada y el participio que lo demuele todo como el pasado si lo dejo pero no me dejo. Concreto en las venas, territorio celeste, camarones que no me dan piquiña. Un adiós, otro adiós, nado en los adioses, no tengo ganas de pinchos y habiendo corazón he de aceptar que estoy hecha de líquidos. Arroyo en las bocas, reverdecen fincas que anuncié baldías. Soy aragüaneyes floreados en cantos de carretera, huelo a ciruelas en la espalda, hago un pozo, me zambullo, apenas me quito la blusa, apenas recojo las mechas: cola de caballo, cola de mujer, carpelo. Mi ánimus, el ánima, subeybaja y no doy consejos, repaso la lección, don’t give advice, repaso la lección, azar. Intimidad del desahuciado, qué llueva, qué llueva, me dejo cubrir: aguardiente, aguamiel, aguaclara, agüita agüita para calmar la fe. Do, re, mi, fa, fe y tiro piedras, parto ventanas, escupo pero no escapo porque hoy en el festín la carne es de otro y qué rico el chuzo cuando ajeno.