Las ensoñaciones del paseante solitario, Jean Jacques Rosseau


Al meditar sobre las disposiciones de mi alma en todas las situaciones de mi vida, he quedado muy asombrado al ver tan poca proporción entre las diversas combinaciones de mi destino y los sentimientos habituales del bienestar o malestar con que me han afectado. Los diversos intervalos de mis cortas prosperidades apenas me han dejado algún recuerdo agradable de la forma íntima y permanente en que me han afectado y, por el contrario, en todas las miserias de mi vida me sentía constantemente lleno de de sentimientos tiernos, conmovedores, deliciosos, que al verter un bálsamo saludable sobre las heridas de mi corazón afligido parecían convertir el dolor en voluptuosidad, y cuyo amable recuerdo retorna a mí solo, desgajado del de los males que experimentaba al mismo tiempo.

Me parece que he gustado más la dulzura de la existencia, que realmente he vivido más cuando mis sentimientos oprimidos, por así decir, en torno a mi corazón por mi destino, no iban a evaporarse fuera, en todos los objetos de la estima de los hombres, que tan poca merecen por sí mismos, y que son la única ocupación de personas a las que se cree felices.