Mushashino, Doppo Kunikida (Ardicia)

La razón es que el amor ya no le roza su mano poderosa. Si eso ocurre con quien lo ha vivido, ¿cómo podría entenderlo alguien que nunca ha amado? ¿Cómo entender sus tormentos y placeres? El amor es el sentimiento más honesto, y quienes se burlan de él harían bien en vivir tanto tiempo como les sea posible. Al final es la tierra lo que les espera, porque no son más que un desecho, si eso es lo que piensan verdaderamente del amor.
Una sonrisa fría se me dibuja en los labios cuando veo las caras compungidas de aquellos que se esfuerzan por tratar de dar sentido a su vida, por poner en orden los misterios del universo que habitamos. Aunque fuera solo por un momento, me gustaría obligarles a detenerse en los problemas de la vida humana, del cielo y de la tierra, con un poco más de seriedad, humildemente. Cuando se mofan del amor, en última instancia, de quien se ríen es del ser humano, pues al contrario de lo que piensan, este constituye todo un misterio.
Si se ríen del amor que habita en el corazón de un hombre, al final, ¿qué sentido tiene la vida? Cualquiera que, en una noche de luna llena, escucha la melodía de una flauta y siente que arrastra un soplo de eternidad, debería creer en el amor. Todo aquel que se declare discípulo de Nakae Chomin y juzgue la vida según sus principios, ¿cómo podrá censurar la libertad de quienes cantan: «la primavera es fugaz, ¿por qué entonces la vida es eterna?»; ¿cómo podrá interponerse en la libertad de un hombre y una mujer que ansían la gratificación de la carne y afirman: «la juventud solo viene una vez»?
Mi querido Uchiyama, así entiendo yo las cosas. Idealizo el amor porque yo mismo he sufrido la amargura de uno no correspondido. Mañana regreso a Tokio, pero me pregunto cómo me sentiré cuando deje atrás el paso de Odawara.