No todas las lejanías son lejanas,
aunque los dedos ancianos
me oprimían ligeros los párpados cansados
para esconder los recuerdos claros y borrosos
(que ni siquiera parecían ya recuerdos),
silenciosos, más silenciosos, callados.

De repente
en un jardín dentro de los jardines:
cantos que ahogan los gritos,
gritos que recomponen las risas,
risas que estallan en aplausos,
aplausos que mendigan el descanso,
descanso acostado en las coplas,
coplas retozadas en las trovas
–alegrías, insinuación y sorpresas–,
mientras aguardaban las preguntas
escondidas en los años
de las luchas sudorosas,
y los vientos que ya rugen
donde las miradas inocentes
son rocío de la noche
con sus cantos y sus risas,
con sus trovas y sus coplas.

Al terminar el juego como termina una poesía,
la brisa del sueño que retrasó su llegada
–¡todo era soñar con el sueño!–
barrió el parque, los lotos y la risa
dejando lo sentido y lo callado
como en un cuadro borroso impresionista.

Las palabras suaves de alegría, bellas,
pasaron solas como una sombra misteriosa
en la noche de la primavera
bondadosa
e infinita.

–– Luka Brajnovic