Poemas del destructor, Oriol Sàbat

Volverá la poesía a arrancarte una vez más, aunque no quieras saber nada de ti ni de los otros. Pero primero destroza este yo que te estorba, házle una brecha en el centro y canta el exterior, lo que le hace frontera, todo lo que de profundo hay más allá y que quizá no tiene alma ni la necesita. Una épica, eso es lo que quieres, pero habrás de encontrar los héroes que, surgiendo del barro, no saben si resucitan o mueren. Habrás de encontrar las piedras que a golpes conformarán sus rostros fríos, gélidos, con la pasión de los glaciares que caen estrepitosamente al océano. Y si encuentras a quien lleve el fuego a la extinguida esperanza de algo de humanidad, habrás de buscar también su destino, descubrir sus huellas incendiarias en la nieve, en el cristal helado que se rompe con el terremoto volcánico que va acuchillando el camino. Pero todo eso que deseas y hasta lo que no deseas, todo está muerto. Y ya no es posible revivirlo... Y te quedas sin nada, con el yo masacrado bajo el pie, recordando que una vez, ya hace tiempo, existía un vínculo, la mano o el círculo poderoso, el anillo y la belleza... Ahora todo es un estropicio, un sueño, una luz en la memoria. Tanto tú como yo somos apariciones, espectros, mecanismos que viven, sienten y mueren, mecanismos extremadamente complejos pero miserables.