Blanche o el olvido, Louis Aragon (Plaza y Janés)

«Es inútil querer escapar del dolor; habita en el viento, habita en la noche. Es inútil seguir inventando, para escapar, historias, países, estaciones y personajes, todo revuelto. Frases, conjunciones de clamores. La busca digresión de una imagen, como en el music-hall, un número de acróbatas barbudos. Deja ya de jugar al escondite contigo mismo, de volver la espalda con aire de burla. Acaba ya. Acaba de palpar, de mirar, ¿dónde va a resonar esta voz, en qué mástil de velero? Acaba de hacer el fantasma. Resígnate a ser, a no ser sino el perfume de Blanche que se fue.»

«El olvido es como un guante tirado en el suelo, que lo pisas sin verlo. El olvido es como un labio lívido. Es un frío súbito en el consciente del ser. Un extravío de los ojos internos. Parálisis del pensamiento, ¿qué sé yo? Quisiera describir el olvido no importa cómo, el olvido. No hay nada en el mundo que me dé tanto miedo como el olvido. No saber cuál es tu camino. No saber a dónde vas. Ni saber a quién querías ver. No saber tu nombre, tu nombre propio. No saber quién eres. Una máquina que gira en el vacío. Dar pasos para nada. Sentirte como si soñaras, estando despierto. Y luego mirar la hora en el reloj. Un reloj que funciona o que está parado. ¿Dónde estoy, en qué momento vivo? El olvido. ¿De dónde me viene el olvido? ¿De los demás o de mí mismo? ¿De dónde me viene? ¿No seré yo mismo la fuente del olvido? Para mí nada es ya lo que fue. Miro mi calle y no sé en qué ciudad estoy, miro mi mano y no la reconozco. En una habitación de la que nadie trata de echarme, desnudo un cuerpo desconocido, un cuerpo de hombre envejecido, marcado, de miembros pesados, que obedece a mi pensamiento, y guardo silencio para ver si se pone a hablar de mí.»

«... el color que busca no está en Périgueux, sino en ella misma, es el color que inventan sus ojos (nosotros no somos nada, lo que buscamos es todo), es como si entre ella y la lámpara hubiera una rivalidad de luz.»

«¿Desde cuando es absolutamente indispensable imaginar las cosas en colores? El cine sonoro no fue un adelanto; fue, simplemente, el olvido del silencio. Ni tampoco el color, que te pintarrajea el semblante. Y, sin embargo, uno se representa así la cosa, uno cree, instintivamente, que el color le da algo más, que es un adelanto. Acordarse, además, del color. Y pensar que yo siempre creí que el adelanto era acordarse, cuando en realidad consiste en olvidar. Los escritos son mudos, y a los escritos el color ha llegado muy tarde; tampoco es seguro que supongan un adelanto.  La Ilíada está en blanco y negro, y Hölderlin, a pesar de aquellas gelben Birnen, las peras amarillas, que el otro me enseñó en Estrasburgo... »