Blanche o el olvido, Louis Aragon (Plaza y Janés)

Escribir es como hablar, es la batalla que yo estoy librando para ser un hombre y no quedarme, precisamente, en cosa. Vierto la ideal sobre el papel, pero no para mí, sino porque de pronto descubro en ella la explicación de Blanche, de comportamiento de Blanche. Puede que se pusiera a escribir para rebelarse a ser una cosa, un objeto... el objeto. El gadget, como se dice ahora en los sótanos de los grandes almacenes.
Cuando vivíamos juntos y el lenguaje era para nosotros un reloj de arena al que se le da la vuelta para que la arena de las palabras pase de una cavidad a la otra y de ésta otra vez a la primera... así la bola de arriba, tú y yo, decía yo y decía tú a la bola que recibía el tiempo, el esperma del tiempo, fino, fino como la palabra... cuando nosotros éramos, cuando nosotros estábamos juntos... cuando tú y yo jugábamos al dulce fuego de ser dos... algunas veces, mientras, tendido de lado aguardaba el sueño, tú me ganabas la carrera y te hundías en la noche antes que yo, y aquél súbito silencio me daba miedo, sentía la angustia de encontrarme solo, como en un ensayo de la muerte. Y no es que me asustara la muerte, no: siempre he pensado en ella con resignación. Lo que me asustaba era aquel vacío, en todas direcciones, como si hubiera equivocado el camino. Era vivir sin motivo, sin encontrar un eco, sin ser para ti lo que tú eres para mí, sin este mundo que no es mundo si no puede compartirse, con el sustos de encontrarme ante un espejo sin imagen, de sentirme sombra de un ser ausente, apartado de mí mismo, preso en un reino de sueños en el que no hubiera lugar para mí, en el que no pudiera vivir, y aunque un día me enterase de que había vivido en él, no podría creerlo, y de todos modos no habré seguido sus pasos más que un instante, solo, separado de todos, separado de ti, como uno cualquiera de una multitud, en la calle o en el Metro, en modo alguno ligado a tu destino, separado de i no importa cuándo, como la hoja del árbol, arrancada, arrastrada, perdida... Así pasé la mitad de nuestra vida.