Si una noche de invierno un viajero, Italo Calvino (Plaza y Janés)

«Bastan esos ojos un poco pesados y un poco acuosos para darme a entender que el drama que ha habido entre ellos no ha acabado aún: él sigue viniendo todas las noches a este café para verla, para dejarse abrir de nuevo la vieja herida, y quizá para saber quién es el que la acompaña a casa esta noche; y ella viene todas las noches a este café quizá aposta para hacerlo sufrir, o quizá esperando que el hábito de sufrir se vuelva para él un hábito como cualquier otro, adquiera el sabor de la nada que le empasta la boca y la vida desde hace años.»


«Hay una línea fronteriza: a un lado están los que hacen los libros, al otro los que los leen. Yo quiero seguir siendo una de las que leen, por eso tengo cuidado de mantenerme siempre al lado de acá de esa línea. Si no, el placer desinteresado de leer se acaba, o se transforma en otra cosa, que no es lo que yo quiero. Es una línea fronteriza aproximada, que tiende a borrarse: el mundo de los que tienen que ver profesionalmente con los libros está cada vez más poblado y tiende a identificarse con el mundo de los lectores. Cierto que también los lectores se vuelven más numerosos, pero se diría que los que usan los libros para producir otros libros crecen más que aquellos a quienes les gusta leer libros, sin más. Sé que si cruzo esa frontera, aunque sea ocasionalmente, por casualidad, corro el riesgo de confundirme con esa marea que avanza; por eso me niego a poner los pies en una editorial, ni siquiera unos minutos.»