Las aventuras de Vera, Liudmila Petrushévskaia (Marbot)

Sin embargo, antes de que llegara el principal amor, el definitivo, en aquel periodo de su vida, Vera sintió otra simpatía amable y triste por otro compañero del departamento, un tipo de baja estatura que la trataba de usted, algo muy significativo, y se burlaba y se reía de ella, la llamaba Vera Serguéievna y a veces cuando estaban solos se permitía robarle un beso hacer algo del estilo. Se animaba cuando estaba a solas con Vera, le contaba historias interesantes de la vida íntima de la humanidad, a veces le llevaba libros de amor viejos, muy viejos, que solo se podían leer desde el cajón móvil del escritorio para que nadie la sorprendiera.
Vera se acostumbró a ese chico extraño que con ella era totalmente distinto a como era en el departamento, no tenía tanto ímpetu, ni se ponía a discutir tan acaloradamente por la verdad...

(...)

Esa pureza en la relación, ese vuelo y unión de sus almas no podía pasar sin dejar huella en la pobre Vera y el jefe. El jefe, interrumpiéndose durante el habitual dictado, pasaba un rato discutiendo con Vera sobre una película, sobre quién interpretaba el papel protagonista. Lo hacía «a la americana», es decir, el que perdía la discusión cumplía cualquier deseo del que la ganaba.