Los hermosos años del castigo, Fleur Jaeggy (Tusquets)

Sólo la negrita estaba melancólica, con una melancolía sin respiro, controlada y dosificada. La observé,: la suya me pareció la tristeza de los desesperados. Ya no dejó que la directora la tomara de la mano. Sus manos sólo tocaban el vacío de sus pensamientos. La vi recoger flores amarillas y conservarlas tibias y adormecidas en el brazo. Las acunaba como criaturas, cantándoles una débil nana con los ojos inertes y estáticos. Luego las arrojó al suelo. Las enterró. Era la pequeña estafeta de un ejército disperso.
Miraba a su alrededor moviendo lentamente el cuerpo, que mostraba la rigidez y el sopor de quien ha sido atravesado por un mal sueño.

(...)

Me parecía que su expoliación era un ejercicio espiritual, estético. Sólo un esteta puede renunciar a todo. No me sorprendió tanto la indigencia como su grandiosidad. Era habitación era un concepto. No sabía de qué. Una vez más había llegado más lejos que yo.